Un tarot inventado, personal, con imágenes universales y con imágenes de mis sueños que, claro está, abrevan en fuentes universales, esas aguas espesas que son el inconsciente colectivo. Un proyecto. Estos serían algunos de los arcanos mayores,de algunos de ellos sospecho sus ambiguas significaciones:
El equilibrista: llevaría una pértiga. Representaría equilibrio, presencia, habilidad, peligro, distancia con repecto a la tierra. Se relacionaría un poco con El ahorcado y La justicia.
La bailarina: aparecería desnuda, con la cara cubierta por un antifaz, haciendo un giro y rodeada de cintas de colores que caen. Movimiento, expresión, libertad, falsedad, histeria.
La mendiga: gorda, vestida con harapos, un jarrito donde guarda las monedas y perros que le siguen. Mendiga amor, sentimiento de carencia, pero también pobreza espiritual en el sentido positivo, de vacuidad.¿Es realmente pobre o se hace?
El ciego: con anteojos, bastón y un perro delante como lázaro. La ceguera y también la confianza, la guía, el tacto. Los ciegos que cuentan historias y los ciegos embaucadores ¿es realmente ciego el ciego?
El flautista: podría ser al estilo Hamelin, seguido por las ratas o como un encantador de serpientes oriental. Sería la seducción, el engaño, y la conducción en sentido positivo, la que libera al pueblo de las ratas o mantiene a raya el peligro de la serpiente.
La curandera: rodeada de hierbas, con un puñado de ellas en sus manos, gatos y símbolos mágicos. Sería la sabiduría, la intuición.Es la curandera de cuerpos y almas pero también tiene el poder de envenenar y hechizar. Las hierbas son fármacon, es decir tanto medicina como veneno.
Los luchadores: podrían estar en una especie de ring, son musculosos, están agarrándose por los brazos. El conflicto, la lucha, la fuerza.
El matemático o el astrónomo o el astrólogo: con sus instrumentos para medir y sus tablas y cuadrados mágicos, y un telescopio. El intelecto, la objetividad, la relación entre macrocosmos y microcosmos y también el cálculo en sentido negativo.
La unión/el maithuna: la unión sexual de un hombre y una mujer, la clásica imagen de la pareja sobre una flor de loto, él sentado, ella rodeando la cintura con sus piernas. La unión de los contrarios, el deseo, el amor, la lujuria, el apego.
Las parcas: podrían estar todas juntas en una carta o por separado. La primera hilando con un uso, representaría el nacimiento, la ideación,el proyecto, el comienzo. La segunda, tejiendo, la creación, el tejido de la ilusión, la tela que atrapa. La tercera cortando: la muerte, la disolució, y la ruptura de los lazos que atan.
La barca: "la barca del ensueño que en el espacio boga" de Darío, la barca que cruza las aguas del olvido. También el empredimiento y el viaje o la huida hacia el espacio de la ensoñación. Habría un barquero y alguien sentado atrás, el perfil mirando hacia el frente pero la mirada parecería querer volver la vista atrás. El olvido negativo, la negación, el olvido del ser presente y el olvido positivo, el perdón.
Continuará...
Salgo a cazar descalza por los bosques o soy alcanzada por sigilosos cazadores o vuelvo de un sueño con una presa desconocida en las manos
viernes, 14 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Cacería en el jardín
"Tu temor a la muerte no es más que el temblor del pastor cuando se encuentra de pie ante el rey, cuya mano va a apoyarse sobre él como una honra." El profeta, Khalil Gibrán
Apareció primero en las alturas, entre las cañas,mostrando su habilidad de equilibrista. Era bello, mi mamá había soñado con él la noche anterior. A mí me recordaba al que anda por ahí, a los pies de Ganesha. Y era también el real, la pequeña vida de sangre caliente, dinámica, deseosa, quién sabe buscando qué entre las cañas de los tomates. Me fui temiendo que saltara y presintiendo la violencia y la muerte. Cerca de un mes atrás había sido un venteveo, también entre las cañas, revoloteando. Frida lo atrapó sin que mis gritos valieran de nada, juguetona, feliz, inocente. Esta vez algo en mí lo deseaba, la parte sensata para la cual un roedor representa peligro, enfermedad, veneno. La espera densa. Después supe que bajó y corrió hacia las hortencias encerrándose. La peor opción, como si hubiera elegido la muerte. Meterse en el laurel, huir por el paredón era lo más fácil y previsible. Frida lo mató, después de acorralarlo, con pequeños mordiscos, sin sangre, como al venteveo.
La paz del cadáver, el entierro después de la siesta. Me gusta enterrar. Me gusta la paz de los cadáveres. Les agradezco enseñarme la muerte.
En las cacerías reales de la antigua china, perseguían a la presa desde tres direcciones, la cuarta quedaba libre. Si el animal huía por la cuarta dirección, abandonaban la persecución. De lo contrario, lo encerraban conduciéndolo hasta una puerta detrás de la cual estaba el rey para darle caza. Se consideraba que el animal había elegido la muerte.
Apareció primero en las alturas, entre las cañas,mostrando su habilidad de equilibrista. Era bello, mi mamá había soñado con él la noche anterior. A mí me recordaba al que anda por ahí, a los pies de Ganesha. Y era también el real, la pequeña vida de sangre caliente, dinámica, deseosa, quién sabe buscando qué entre las cañas de los tomates. Me fui temiendo que saltara y presintiendo la violencia y la muerte. Cerca de un mes atrás había sido un venteveo, también entre las cañas, revoloteando. Frida lo atrapó sin que mis gritos valieran de nada, juguetona, feliz, inocente. Esta vez algo en mí lo deseaba, la parte sensata para la cual un roedor representa peligro, enfermedad, veneno. La espera densa. Después supe que bajó y corrió hacia las hortencias encerrándose. La peor opción, como si hubiera elegido la muerte. Meterse en el laurel, huir por el paredón era lo más fácil y previsible. Frida lo mató, después de acorralarlo, con pequeños mordiscos, sin sangre, como al venteveo.
La paz del cadáver, el entierro después de la siesta. Me gusta enterrar. Me gusta la paz de los cadáveres. Les agradezco enseñarme la muerte.
En las cacerías reales de la antigua china, perseguían a la presa desde tres direcciones, la cuarta quedaba libre. Si el animal huía por la cuarta dirección, abandonaban la persecución. De lo contrario, lo encerraban conduciéndolo hasta una puerta detrás de la cual estaba el rey para darle caza. Se consideraba que el animal había elegido la muerte.
martes, 28 de diciembre de 2010
sábado, 18 de diciembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
Pequeño viaje
Al colectivo sube un hombre con un Cristo estampado en la remera. La imagen ocupa toda la tela. Impacta. Sobre todo los ojos. Y sobre la remera un rosario de cuentas de madera. Siento que es demasiado, que desborda hacia afuera. Me pregunto por el hombre hacia adentro pero no puedo verlo, la imagen invade. Otros pasajeros: una chica rubia que se sienta al lado mío, una vieja con pañuelo a la cabeza, anteojos inmensos y pollera sucia, "le falta la escoba" dicen atrás.
Me embarco enseguida. Yo y tres chicos. Alegría.Descenso. La isla huele a ligustro. Hay también madreselvas, flores amarillas y violetas: lo que soy capaz de nombrar. Me interno por un camino, me pregunto si será posible dar la vuelta a la isla. Camino. El tiempo escandido por el ir y venir de la lancha. La conciencia de lo que fluye alrededor: el agua, el viento. La isla es una referencia, un lugar donde pararse. La tierra encharcada es el río que amenaza con diluirla. Pero sigue ahí. El camino se corta, tomo el que va a la costa. Peces muertos. Viento y basura en la orilla, tristeza. Prefiero estar adentro pero no hay ya adónde ir. En las casas cuelgan macetas insólitas: cascos, pavas. Y se mezclan las gallinas con los perros, un caballo las agita. De nuevo en el camino verde. Me meto entre las plantas. Es lindo mear al aire libre. Liberada, me quedo un rato ahí, escuchando. Vuelvo a esperar la lancha. Me gusta estar entre esta gente aunque no pertenezco , me gustan los niños pescadores. En la espera se sigue pescando. Veo cortar la carne con una familiaridad que se me vuelve extraña. La muerte ahí, el alimento, Cristo. Descubro que en el reverso del boleto hay impresas unas frases del Tao Te King: hablan de vaciar para que algo pueda ser llenado. Probablemente no las haya leído nadie más que yo porque en la lancha pasa el chico pidiendo los boletos. Pasan a fomar parte de un bollo de papelitos en su mano. Pienso que es una forma de vaciarme.
Uno no queda igual después de andar en lancha. La lancha nos deshace. Sólo la conciencia de las orillas, del viento, de los marcos de las ventanas, del bamboleo , del ruido del motor. Stella Maris, Azul, Privado, Miel, Camping, La estrella negra. El nene que está al lado mío se fascina con el reflejo de la ventana recogida en el techo, quiere tocarla. Llegamos. Me gustan los hombres que andan así, con la agilidad del que controla la subida y la bajada de los pasajeros en la lancha. Me tomo el colectivo del lado equivocado pero llego igual. Al final todo da vuelta en círculos.Suben la chica rubia y la señora de beige que viajaron a la ida. Llego como si nada, como si hoy no hubira ido a una isla.
Me embarco enseguida. Yo y tres chicos. Alegría.Descenso. La isla huele a ligustro. Hay también madreselvas, flores amarillas y violetas: lo que soy capaz de nombrar. Me interno por un camino, me pregunto si será posible dar la vuelta a la isla. Camino. El tiempo escandido por el ir y venir de la lancha. La conciencia de lo que fluye alrededor: el agua, el viento. La isla es una referencia, un lugar donde pararse. La tierra encharcada es el río que amenaza con diluirla. Pero sigue ahí. El camino se corta, tomo el que va a la costa. Peces muertos. Viento y basura en la orilla, tristeza. Prefiero estar adentro pero no hay ya adónde ir. En las casas cuelgan macetas insólitas: cascos, pavas. Y se mezclan las gallinas con los perros, un caballo las agita. De nuevo en el camino verde. Me meto entre las plantas. Es lindo mear al aire libre. Liberada, me quedo un rato ahí, escuchando. Vuelvo a esperar la lancha. Me gusta estar entre esta gente aunque no pertenezco , me gustan los niños pescadores. En la espera se sigue pescando. Veo cortar la carne con una familiaridad que se me vuelve extraña. La muerte ahí, el alimento, Cristo. Descubro que en el reverso del boleto hay impresas unas frases del Tao Te King: hablan de vaciar para que algo pueda ser llenado. Probablemente no las haya leído nadie más que yo porque en la lancha pasa el chico pidiendo los boletos. Pasan a fomar parte de un bollo de papelitos en su mano. Pienso que es una forma de vaciarme.
Uno no queda igual después de andar en lancha. La lancha nos deshace. Sólo la conciencia de las orillas, del viento, de los marcos de las ventanas, del bamboleo , del ruido del motor. Stella Maris, Azul, Privado, Miel, Camping, La estrella negra. El nene que está al lado mío se fascina con el reflejo de la ventana recogida en el techo, quiere tocarla. Llegamos. Me gustan los hombres que andan así, con la agilidad del que controla la subida y la bajada de los pasajeros en la lancha. Me tomo el colectivo del lado equivocado pero llego igual. Al final todo da vuelta en círculos.Suben la chica rubia y la señora de beige que viajaron a la ida. Llego como si nada, como si hoy no hubira ido a una isla.
viernes, 19 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
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